lunes, 12 de septiembre de 2011

Las Travesuras de mi abuela

Mi abuela es difícil de tratar, la edad nos caerá a todos eventualmente así que mientras tengamos pleno control de nosotros deberíamos de usar un poco de ese control en aceptar a nuestros mayores. Lo que me lleva a mi Abuela, Laura Struve tiene 89 años de edad, pregúntale y seguro te dirá 71 o menos. Quizás les suene familiar este chiste, un poco cruel pero no muy alejado de la realidad.


A los 3 años, el éxito es... no mearse encima.
A los 12 años, el éxito es... tener muchos amigos.
A los 18 años, el éxito es... tener carnet de conducir.
A los 20 años, el éxito es... follar.
A los 35 años, el éxito es... tener mucha pasta.
A los 50 años, el éxito es... tener mucha pasta.
A los 60 años, el éxito es... follar.
A los 70 años, el éxito es... tener carnet de conducir.
A los 75 años, el éxito es... tener muchos amigos.
A los 80 años, el éxito e
s... no mearse encima.

Ya lo dije es cruel, pero interesante, llegamos a un punto donde retrocedemos de nuevo, cuidar a mi abuela es cuidar a una niña pequeña, lo digo en serio, velas porque coma, acompañarla al baño tantas veces como ella sienta la necesidad, ayudarla a cambiarse y como todo niño lidiar con las travesuras; en su caso particular, los dulces, no conozco a alguien que le gusten más los dulces que a mi abuela Laura, las caries no son un problema y gracias a Dios no sufre de diabetes, pero muchos dulces siempre son malos.

En una ocasión le acababa de dar unos dátiles, fui a guardar una ropa para lavar, al volver me la encuentro en la cocina dentro del refrigerador picando un quesillo, claro le pregunte ¿qué estaba haciendo? como se le pregunta a un niño que ha sido atrapado en plena travesura, me respondió en tono inocente y medio confundido que buscando dulce.

¿Y qué paso con los dátiles que le acababa de dejar?

-“¿A mí? ¿Cuándo?” - pregunta con incredulidad exagerada.

-“Te acabo de dar un par”

-“Yo no me acuerdo”

No me sentiría tan molesta si no supiera que lo hace a propósito, pero mi abuela tiene esa manía y detesto que me mientan en la cara, quizás a un niño se lo podamos pasar pero con un “adulto” es distinto, pensamos que ellos ya saben las normas por llamarlas de algún modo y romperlas es burlarse de uno.

¿Los dátiles? Claro que se los comió, encontré las pepas cuando la ayudaba a volver al sofá. No soy yo quien cuida de ella, la cuidamos entre todos, mi mamá, mi tía y mi hermano, este último sí que no le tiene paciencia. Y cuando ella está en la casa lo que escucho más a menudo por parte de mi mamá y tía son cosas como:

-“Pero quédate sentada”, “¿por qué no haces caso?”, “Termina de comerte la comida”, “si te lo comes todo te doy un dulce”.

De pequeños nuestros padres tenían la obligación de cuidarnos y hasta cierto punto aguantarnos, solo nos queda pagarles haciendo lo mismo por ellos.

Si se te rompe el corazón porque ves a un anciano tirado en la calle sin que comer, no te entristezcas por él, piensa en tus padres y tus abuelos, en la suerte que tienen de tener a alguien que vele por ellos y les brinde una sonrisa, aunque sea una divertida por ver su más reciente travesura en acción.